Antes de comenzar quiero puntualizar un par de cuestiones, pues no me gustan los mal entendidos ni me gusta herir el sentimiento de ninguna persona. Adoro cualquier forma de expresar lo que se siente o no se siente. Respeto y admiro el trabajo, la opinión o las creencias de cualquier persona y por supuesto, siento respeto y adoración por todos los poetas, escritores librepensadores o cualquier persona relacionada con la expresión literaria, incluyendo en estas, solo a aquellos o aquellas que con su trabajo han aportado algo a la humanidad y por supuesto excluyendo a los que hayan intentado cualquier forma de imposición o agravio para cualquier forma de vida. Dicho lo anterior, paso a contaros el relato.
Calculo que sería un caluroso día de Junio del año 1990. Por aquellos años formaba parte de una muy conocida banda de rock sevillana, esto me permitía conocer a muchas personas, aunque me exigía viajar mucho y con mucha frecuencia, pues los conciertos de dicha banda se desarrollaban, podríamos decir, cada fin de semana y estos se llevaban a cabo en los diversos puntos de la geografía española e incluso en América. Recuerdo que con ocasión de unas, para mí mal llamadas, jornadas culturales, fui invitado a uno de sus actos, la cual se llevaría acabo con la participación de un “selecto” grupo de “intelectuales” de conocido prestigio. Tengo que decir, que la primera intención fue la de declinar la invitación, pero el respeto a las personas que lo organizaban, me llevo a comerme mis principios y acudir a dicho acto, prometiéndome a mí mismo el sacar el mayor rendimiento de tal encuentro. Es inaudito como algunas veces nos mentimos a nosotros mismos, para llevar a cabo ciertas tareas que por nada en la vida desarrollaríamos.
El contar el desarrollo del acto en sí aquí y ahora, sería tan aburrido e ineficaz como lo fue para mí aquel largo día, solo comentar que ya en “petit comité” en un frecuentado local de copas, tuvo lugar el acontecimiento más extraño por el que he pasado en mi vida. Entre uno de los múltiples temas que allí se tocaron, salió a relucir los libros que cada uno de los presentes estaban leyendo: “Yo estoy en estos momentos con algo de Grabiel Celaya” dijo un barbudo con simpatía, “pues yo no puedo dejar de leer a Sartre” destacó un larguirucho con cara enfermiza, “Yo prefiero en ese caso a Claude Simon” impuso una bella chica con bastante seguridad en su exposición. Como podréis intuir, a esa altura de este dialogo, presentía que en cualquier momento tendría que desnudarme en público y contar mis intimidades, las cuales creo son, no para enardecerse o exhibirlas, si para compartirlas en actos de amor o intimidad, pues para mí lo que recibo en mis lecturas mueven mis sentimientos más puros. Andaba en estas cavilaciones, cuando de repente el amable barbudo me pregunta: “¿Y tú Selu, que estás leyendo en estos momentos?”. Creí que la tierra se iba a abrir bajos mis pies, que el mundo se terminaba, que todo se había acabado para mí. Hice un esfuerzo por templar mis nervios y tras pensar por unos segundos les dije:”Pues yo mayormente, Valencia 697 Km., Madrid 540 Km., Burgos 775 Km...
Aquello produjo inmensa y maravillosa consecuencia, pues para mi fortuna nunca más fui invitado a un acto similar.

